lunes, 30 de noviembre de 2009

Cuéntame un cuento...


El oído y el gusto por los diferentes géneros musicales, se educa desde que somos pequeños.
Una buena forma de introducir a los niños en el mundo de la ópera es mediante una colección de DVD :" Cúentame una ópera".
Son recopilaciones de los fragemtos de autores muy conocidos, versionados en forma de cuento. Primero se lee el libreto, es decir el cuento y luego se escucha la ópera. No es muy largo y recoge los fragmentos más atractivos.
Mi favorita es la Traviata, imaginaros contarle semejante drama a un niño, versión príncipe y princesa.
Además existe esta página web que resulta muy interesante.


No amaré a quien no se deja amar.
No subestimaré a los demás ni a mí misma.
No olvidaré la sonrisa propia y ajena.
No trataré con desprecio a quien no me aprecia.
No me cansaré de agradecer a quien me agrada.
No dejaré de soñar despierta y dormida.
No me olvidaré de besar.
No abrazaré lo inalcanzable.
No me olvidaré de mis promesas.
No recordaré los fallos de los demás.
No ambicionaré lo que no pueda llevarme al otro mundo.
No dejaré de cantar sola o en compañía.
No dejaré de aprender algo nuevo cada día.
No me miraré en el espejo sin mis gafas mágicas.
No dejaré que el trabajo sea lo primero en mi vida.
No dejaré de bailar con o sin música.
No diré no cuando quiera decir si.

No diré si cuando quiera decir no.

sábado, 28 de noviembre de 2009

A nadie le preocupan los demás

“Ayer se hacían eco los periódicos de un reportaje publicado por ‘The New York Times’ donde se cuenta la odisea de un niño de 13 años, Francisco Hernández, de origen mexicano, que padece el síndrome de Asperger (una variante del autismo que impide comunicarse y relacionarse con normalidad) y que ha deambulado perdido once días en el metro de Nueva York. El chaval se escapó por temor a una reprimenda casera y sobrevivió comiendo dulces, patatas fritas y golosinas que encontraba en los kioscos del laberinto suburbano.” Cita extraída de:

Resulta curioso que sea precisamente un niño Asperger, quien llegue a la conclusión que da  título a esta entrada.
Después de leer el artículo, me pregunto : ¿Quién es más Asperger? ¿El niño? o ¿Las personas que estuvieron a su alrededor durante los once días que deambuló perdido en el metro de Nueva York?

viernes, 27 de noviembre de 2009


Hace poco he ido al oculista, especialista en ojos y miradas.


En mi caso así ha sido, ya que nada más verme, ha deducido de forma acertada, que hacía como unos tres años que no iba a una revisión, y eso que no me tenía fichada.

La visita ha sido de lo más interesante.

Se trata de una clínica, muy bien montada, tipo americana, con una gran sala a la entrada, custodiada por dos amables recepcionistas, con dominio de varios idiomas y muy simpáticos, cuestión que se agradece.

Parecía que estaba más en el hall de un gran hotel o en una agencia de viajes, esperando a que llegase mi turno.

Con lo despistada que soy, por un momento pensaba que estaba en la cola de un banco, ya que en el suelo estaba escrito la típica frase:” Espere su turno, gracias” y un camino con barras y cintas azules, a manera de guía por el trayecto de la fila.

Con esta primera visión de miope perdida, mis ánimos empezaron a flaquear, ya que pensé: ¿cuánto tiempo voy a estar aquí? Ya se sabe, que cuando se acude a una consulta médica, el tiempo sólo existe para los profesionales que te atienden, pero no cuenta el tuyo. Éste último se congela en ese momento y cuando vuelve a su estado original, ya ha transcurrido el tiempo suficiente como para prescindir de otros planes que tenía previsto realizar esa mañana.

Cuando por fin llega mi turno, al final no tuve que esperar tanto, el chico que me atiende me hace las típicas preguntas preliminares del tipo: ¿es la primera vez que viene? Tiene cita ¿con el doctor…? Y en ese momento me entrega una especie de plano- guía de la clínica, que me servirá para localizar la puerta de la consulta. En ese momento, mi reacción fue intentar ampliar mi campo visual, por encima de las cabezas allí presentes e intentar vislumbrar el fondo de la sala. Aquello pintaba mal, parecía que no tenía fin.

Así que mirando el folleto sólo atiné a decir: “ Así que también tengo que hacer un cursillo acelerado sobre cómo orientarme en la clínica” El chico me sonrió y me dijo por donde tenía que ir, en dos palabras: a tomar por.., en el último punto del edificio, (éste ocupa toda una manzana,) y me comenta que lo del folleto, es sólo para entretenerme, mientras espero. Si lo llego a saber, me hubiese llevado un libro para leer, aunque bien pensado de poco me hubiese servido, visto cómo terminaron mis pupilas. Pero  esta cuestión la comentaré más adelante.

Después de recorrer prácticamente toda la manzana, desde su interior, localicé la puerta de la consulta. Aquello estaba de lo más animado: un pasillo de un color azul eléctrico, que lejos de relajar, te provocaba estrés ocular: paredes, puertas, asientos, techo, todo era azul chillón. Y para rematar dos pantallas de televisión bien grandes dispuestas en ambos extremos del pasillo, que tenían un Dvd sobre famosos paisajes, que lejos de estar sincronizados se repetían de forma insistentemente y que no pasaban de la presentación. Cada vez estaba más relajada, no sabía dónde mirar: si el monocolor del entorno o a la pantalla de la derecha o la de la izquierda…

Después de casi una hora de espera, se abrió una puerta y dijeron mi nombre.

No era la puerta de la consulta del doctor que me iba a ver.

Primero me graduaron la vista y seguidamente, me dilataron las pupilas con un surtido  de al menos cuatro gotas diferentes. Y una que es muy coqueta, antes muerta que sencilla, no tuve en cuenta que cuando se va al oculista, no hay que pintarse el ojo. Así que cuando las gotas sobrantes comenzaron a deslizarse por mis mejillas, éstas se llevaron por delante el rímel y el lápiz de ojos. ¡Menos mal que me dejaron unas gasas para limpiarme!

Cuando terminó esta primera fase de la visita, salí como pude de esta consulta y regresé otra vez al pasillo monocolor, que ahora me parecía más estridente y borroso. Parecía que  hubiese fumado de todo, ¡vamos que si me pilla la guardia civil en ese momento, me retira el carnet de por vida! Además de acusarme de un presunto delito contra la salud pública. Aunque de presunto, poco, con la mirada de perdida que tenía en ese momento.

Otra media hora de espera y por fin entro en la sala que yo tenía localizada desde el primer momento: el doctor vuelve a graduarme la vista, explora el fondo de ojos y cuando termina me dice que me siente en la silla de su escritorio  y de forma suave, me dice que no sabe cómo me las  he apañado durante estos últimos tres años…A lo cual yo le respondo: “ sufriendo poco, ya que para lo que hay que ver, aunque algunas buenas vistas también me he perdido.”

Menos mal, que el médico tenía sentido del humor y comprendió mi mensaje.

Una vez roto el hielo me dice: lo que tienes de nuevo: es vista cansada, además de tu considerable astigmatismo miópico”. Traducido: Los ojos también tiene DNI y al tuyo le ha llegado la hora de renovarlo.

Y en eso estamos, encargando nuevas gafas y preparando el bolsillo, porque no es una broma lo que cuestan. ¡Menos mal, que hasta dentro de tres años no tengo que volver!

Y mientras tanto, espero que estas nuevas gafas me proporcionen mejores vistas que las anteriores y que mis movimientos oculares, filtren y me ahorren las menos buenas.

martes, 24 de noviembre de 2009

Si tú me olvidas...



 Quiero que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
 si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
     todo me lleva a ti,
 como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.
Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.
Pablo Neruda



                                

viernes, 20 de noviembre de 2009

Hoy he recibido un correo de un buen hombre, que si por algo se caracteriza es por su gran sentido del humor. Es capaz de reírse de sí mismo, de forma sencilla, natural y sin falsas pretensiones. Actitud muy valorada por las mujeres. Chicos, tomar nota…

Ha llegado en un buen momento, ya que mis ánimos andaban un poco bajos, pero después de su lectura, he recargado las pilas para continuar el día con buen ánimo.



Hace referencia a la tan cuestionada situación:¿Porqué tardan tanto las mujeres en el cuarto de baño? 
Aquí os dejo un pequeño fragmento:


“¡El rollo está vacío...! (siempre) Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kilos de cachivaches que llevas en el bolso haya un miserable kleenex, pero para buscar en tu bolso tienes que soltar la puerta, dudas un momento, pero no hay más remedio....
Y en cuanto la sueltas, alguien la empuja y tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, mientras gritas OCUPAAADOOOO!!!
Ahí das por hecho que todas las que esperan en el exterior escucharon tu mensaje y ya puedes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo (en eso las mujeres nos respetamos mucho)…


…Sin contar el tirón del portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas... el recuerdo de tu mamá, que estaría avergonzadísima si te viera así; porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, 'tú no sabes qué enfermedades podrías agarrarte ahí'…


…Y esta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que uno sólo tiene que concentrarse en mantener 'la posición' y la dignidad.





El segundo, lo rescato de un clásico correo:"De tres en tres".


Día internacional del Niño
Hoy es el día oficial del niño, extroficialmente , está en nuestras manos, que sea todos los días.
Tenemos tánto que aprender de ellos...
Para los que no tengáis la oportunidad de relacionaros habitualmente con los niños,  os dejo estas palabras llenas de sentido común de Tonucci ( pedagogo italiano) en su libro" Con ojos de niños":

"La escuela tiene que reconocer las competencias de los niños, ya que las desarrollan desde el momento mismo en que nacen. La educación debe fomentar esos conocimientos, incentivar la curiosidad e inquietudes para ayudar al niño a crecer sin perder su esencia, que lo hace tan particular y que es su habilidad para jugar y no cansarse".

Y para no terminar siendo  del todo incompetentes, característica propia  del estado adulto, nada mejor que escuchar esta hermosa canción de Serrat: " Esos locos bajitos"