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lunes, 16 de agosto de 2010

Curioso crucigrama...


• Horizontales:


1. Lo que me rompió.

2. Lo que dijo que yo era para ella. Símbolo químico del elemento que me faltaba cuando me enteré de que me engañaba.

3. Lo que hacían mis palabras de amor en su cabeza. Consonantes de "perdedor".

4. Nota musical (de nuestra canción). Mi única posibilidad para encontrar a otra chica.

5. Número de veces que me creí sus mentiras. Nombre del tío con el que me engañaba normalmente.

6. Aunque cuando yo la pille estaba con... Raíz de la palabra cuyo significado ella desconoce.

7. Tiempo que decía que me querría.



• Verticales:

1. Lo que me puso.

2. Las veces que lo hizo. Su última frase fue: "pero si esto me duele más a mí que a ..."

3. Lo que hizo cuando le dije que yo aún la quería. Lo que tristemente haré a partir de ahora con las citas que me organice mi madre.

4. Mis iniciales. Hasta donde me dijo que estaba de mí (al revés).

5. Primera palabra del graffiti que hice en la puerta de su casa. Comienzo de la segunda palabra (sinónima de la anterior).

6. Número de veces que vimos en el cine la peli que yo quería. Ciudad donde suele finalizar el rally que comienza en la ciudad a la que ella me dijo que iríamos este verano.

7. Su respuesta a todos mis planes para hacer cosas juntos. No es casualidad que Alicia, con la palabra malicia, ...

miércoles, 11 de agosto de 2010

Seducir en verano

Durante las vacaciones hay tiempo para todo. Estamos más relajados, distendidos y de mejor humor.
Especialmente si un chico de 26 años intenta seducirte...Y además con acento parisino.
¡Qué más se puede pedir!
Después de un mensaje precioso de despedida y un par de meses sin saber nada de él, ha vuelto a ponerse en contacto conmigo. Quiere que nos veamos a finales de verano. He de decir que su insistencia me halaga, pero lamentablemente tendré que decirle...

miércoles, 10 de febrero de 2010

Invitación inesperada

“Hace tiempo que no asisto a una boda” le digo a un compañero de trabajo, y tomando aire, resoplando y sonriendo a la vez, me responde:

- ¿Tienes un ratito? anda, pues toma asiento y escucha:

Cuando yo era más joven… (¡Uy!, esto suena a batallita…), estando en mi pueblo, de vacaciones, me encontré casualmente con un antiguo compañero de la mili. Mejor dicho, él me encontró a mí. Me reconoció casi de inmediato, a pesar de mi calvicie más que incipiente y evidente.

El conocido me abordó en mitad de la calle diciéndome:

- “¡Pero qué alegría verte, después de tantos años! Estás igual que siempre”. Seguro que sí, pensó él.

Después de los consabidos saludos, mi compañero, todavía no sabía de qué le conocía, hasta que el conocido se puso a relatar las famosas batallitas de la mili. En ese momento su cerebro empezó a registrar una sospechosa alarma: éste quiere algo…

Y como quien no quiere la cosa, se vio diciéndole a casi un extraño, que sí, que iría a su boda. Aceptó sin tener en cuenta los detalles y consecuencias que traería esta invitación.

Entre los detalles a tener en cuenta, estaba en primer lugar su novia.

Y me relata así:

“¿Cómo le explico a mi novia, que nuestra primera salida de vacaciones, va a ser a una boda de un conocido, a 1000 kilómetros de distancia y que no podemos quedarnos este año en las fiestas de su pueblo? Porque mi novia, no se ha perdido ningún año las fiestas de su patrona. Esta decisión que tomé por los dos, casi nos cuesta un disgusto, y puso a prueba nuestra iniciada relación.”

Yo pensé, que fue un poco incauto e inocente, al no tener en cuenta la opinión de su chica, antes de dar una respuesta definitiva. Actitud, que él mismo reconoció, eso sí, con mucho sentido del humor.

Superado el primer y gran escollo: soltar la noticia a su chica, se ponen en camino una tarde de agosto, rumbo a una ciudad andaluza, para comprobar en situ, los rigores del astro sol.

El viaje no tuvo especiales incidencias, salvo una multa inesperada que le plantó una simpática pareja de guardias civiles. El viaje se animaba… Al llegar al hotel, llama a su amigo, mejor dicho, conocido y presunto novio, ya que el hotel no tenía pinta de mucha celebración: ni carpa, ni restaurante preparado para el evento, nadie sale a recibirlos…Aquello pintaba mal, el caso, es que ya se habían registrado y con la maleta a punto de coger el ascensor, recibe una llamada del novio. Éste le dice que dónde se ha metido, que lleva una hora esperándole en la recepción del hotel, a lo cual el invitado, sólo atina a decir que él también está en el hotel…

Tras este breve diálogo de besugos, la pareja asume que ése no es el hotel, que la boda no se celebra en la ciudad, sino en un pueblo encantador de la sierra, a unos 100 kilómetros de allí.

A mi compañero, le empieza a recorrer un sudor frío y tiene la tentación de acordarse de toda la parentela del novio.

Todo sea por la boda y por un conocido. Resuelven el entuerto, anulan la reserva del primer hotel y se ponen de nuevo en camino.

Parece que todo vuelve a la normalidad, pero nada más lejos de la realidad: el esperado banquete, no llegó o al menos así le pareció a nuestra pareja de invitados. Más bien, fue un pequeño piscolabis, sacado de un anuncio de congelados.

Mi compañero empezó a valorar la posibilidad de rebajar la cuantía del sobre que iba destinada a los novios. Empezó a hacer cálculos de lo que le había supuesto el asistir a la boda: gasolina, multa, hotel, y la bronca de su pareja, que eso sí que no tiene precio…Así que ni corto ni perezoso, con un arte propio de un bandolero andaluz, abrió el sobre y retiró una importante cantidad.

Ya en los postres, cuando el novio se acercó a saludarlo, éste se emocionó y le dio las gracias por haber asistido, reconociendo que no esperaba que hubiese asistido a su boda.

Mi compañero, pensó, que el que no daba crédito, era él mismo, por haber hecho el panolis en toda la extensión de la palabra.

Cuando le pregunté cómo fue capaz de retirar dinero del sobre, delante del resto de invitados, con los cuales compartía la cena, me dijo que la vergüenza que podía quedarle, la perdió de camino a la boda. Que si le daba vergüenza algo, era algunas bodas que terminan convirtiéndose en un auténtico negocio para los novios, una especie de cuenta abierta para ir cubriendo gastos postmatrimoniales.

Después de relatarme su experiencia, me aconsejó que pensase muy bien antes de aceptar una invitación. Y aquí sigo, pensando que hace tiempo que no asisto a una boda. Mejor así…











sábado, 30 de enero de 2010

Palabras de despedida...

"Tú simplemente buscaste
las palabras adecuadas
para hacer un montón
de sentimientos
que se desvanecen."
Preciosa y pegadiza canción de Robin Williams.

miércoles, 2 de diciembre de 2009




Bailaré contigo si sabes:
Invitarme a bailar con una mirada.

Enlazar como un guante tus manos con las mías.
Aproximarte dulcemente.
Encajar tus pies con los míos.
Deslizarte ágilmente sin tropezar conmigo.
Hacerme un hueco de forma suave.
Interpretar el ritmo de cada momento.
Escuchar sin interferencias.
Aligerar el paso cuando sea preciso.
Aminorar el paso sin brusquedad.
Girar con sentido.
Compartir nuestra pista de baile.
Interpretar las notas mudas de mi cuerpo.
Sonreír, mirar y bailar sin perder el compás del día a día.