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lunes, 26 de abril de 2010

Para pensar...


“Se dice que no hay verdad absoluta y que toda mentira tiene algo de verdad y he aquí la historia...
Como es sabido verdad y mentira son enemigas desde el primer instante en que el hombre fue capaz de imaginar y pensar.

Su rivalidad es tal que siempre están al acecho la una de la otra, y en una ocasión se encontraron frente a frente en un camino, ambas empuñaron sus espadas e iniciaron un terrible combate, cada una se defendía y embestía contra la otra con gran destreza, tras una larga batalla verdad logró cortarle la cabeza a mentira y ésta a su vez a verdad.

Ambas se espantaron tanto que confundidas y desesperadas buscaron sus cabezas en el suelo y tomándolas las pusieron sobre su cuello, pero mentira tomó la cabeza de verdad y verdad de mentira; y temerosas huyeron la una de la otra... Y desde aquel entonces van por los tiempos y espacios engañando a los hombres...” Anónimo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Valioso mensaje para compartir

Lejos de pretender ser una historia ñoña, aunque eso dependerá de los ojos que lo miren y de su grado de sensiblidad, este cortometraje nos regala un hermoso mensaje.
Gracias Gerardo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Lealtad





Lealtad

Virtud a cultivar a lo largo de nuestra existencia.

Hermosa palabra, plena de por sí, llena de matices y aplicable a variados contextos cotidianos de nuestras vidas.

Las personas de bien consideramos imprescindible este valor en nuestra vida. Valor, actitud o predisposición, que orienta nuestro comportamiento.

Es en su concreción real, donde toma sentido.

De poco valen hermosas palabras cargadas de buenas intenciones leales, que se diluyen con el paso del tiempo o que se enturbian o llegan a oscurecer cuando se trasforman en su antónimo: la traición.

¿Quién no se ha sentido traicionado alguna vez en su vida?

¿Quién pierde más? ¿El que traiciona o el que es traicionado?

¿Se puede perdonar una traición?

Para todas estas preguntas, que imagino que alguna vez todos nos hemos hecho, no hay una única respuesta.

Todo depende del grado y los matices que hagamos a los conceptos de lealtad y de traición.

Para algunos un acto indiscreto que revele algún punto débil de nuestra personalidad, puede llegar a ser una traición perdonable. Para otros, el vulnerar la intimidad compartida de dos buenos amigos, o de la que fue tu pareja será imperdonable.

Todo dependerá de los límites que pongamos a ambos términos.

Y después de la traición, ¿Cómo nos sentimos? ¿Cómo continuar? Parece que nos quedamos cojos, que nos falta una muleta en la cual apoyarnos, especialmente si la traición procede de alguien a quien consideramos de forma incondicional.

Respecto a cómo seguir adelante, me imagino que dependerá de nuestra fortaleza emocional y de la calidad y no cantidad, de los apoyos emocionales.

Hoy he revisado y puesto a prueba una vez más, mi grado de lealtad. Sonrío, porque mis muletas afortunadamente no me han abandonado.