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jueves, 5 de agosto de 2010

Narciso



Bella flor. Su nombre procede de la leyenda de Narciso, que se creía tan bello y especial que sólo estaba enamorado de sí mismo.

Los psicólogos hablan del trastorno narcisista de la personalidad. Se caracteriza por tener un patrón de conducta basado en el exceso, el drama, la exageración, el desequilibrio emocional y la falta de autoestima.

Tienen fantasías de éxito, necesidad de admiración, falta de empatía. Esperan reconocimiento, poder, brillantez, belleza o amor. Exigen admiración excesiva.

Según pautas del DSM IV, manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, debe darse en diversos contextos y cumplir con cinco o más de los siguientes ítems:



• Tiene un sentido grandioso de su propia importancia

• Le absorben fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza, o amor ideal

Se considera especial y único, y sólo puede ser comprendido, y sólo debería asociarse con otras personas especiales o de alto estatus personal o institucional.

Requiere excesiva admiración (Es un síntoma que denota una baja autoestima y una gran preocupación por hacer bien el trabajo y por cómo son vistos por los demás).

Tiene un gran sentido de sus propios derechos. Piensa que se le debe todo. Tiene un sentido de "categoría" con irrazonables expectativas de un trato especialmente favorable o de una aceptación automática de sus deseos.

En sus relaciones interpersonales es explotador. Se aprovecha de los demás para conseguir sus propios fines (esperan que se les dé todo lo que deseen, sin importar lo que ello suponga para los demás, y pueden asumir que los demás están totalmente interesados en su bienestar).

Carece de empatía y es reacio a reconocer o identificar las necesidades y sentimientos de los demás.

• Es frecuentemente envidioso de los demás o cree que los demás le tienen envidia (pueden llegar a devaluar a personas que hayan recibido una felicitación al pensar que ellos son más merecedores de la misma).

• Muestra actitudes y comportamientos arrogantes y altivos o prepotentes.

Seguro que a lo largo de tu vida te has encontrado con algunas personas que reúnen estos síntomas. Si es así, no merece la pena gastar tus energías en intentar cambiarlas. No tienen remedio.

domingo, 18 de abril de 2010

Ventajas de ser mal hablado

Hace poco tiempo, vi una entrada en el facebook, de una amiga que decía: " Cada vez que habla Belén Estéban, muere un filólogo."
Para la mayoría de la gente, eso de hablar de forma tan ordinaria y chabacana, no está bien. Pero a la vista de los resultados obtenidos por este programa basura, cada vez que habla " la princesa del pueblo" sube no el pan, sino la audiencia.
En nuestra vida diaria, quien más y quien menos conoce y trata a una Belén Estéban.Aunque también podemos identificar otros personajes de este basurero televisivo en nuestro entorno inmediato.
Nos han educado para hablar y tratar a la gente con corrección y cortesía.
Aunque eso de ser un poquit@ ordinari@ de vez en cuando, no viene mal, sobre todo en situaciones límites o estresantes. La adrenalina se libera, y sirve de freno a bocazas sin fronteras.
Aquí os dejo un vídeo que parodia a la famosa Belén.

jueves, 4 de marzo de 2010

Antes muerta que sencilla...

Las anécdotas de los amigos, hacen pasar un buen rato, con sonrisas, risas y carcajadas, que alivian tensiones y acompañan esos ratos de soledad no elegida, cuando se está lejos de los tuyos.

Ayer hablé con una amiga y le pedí permiso para trasladar lo que me contó, en el blog, ya que pienso que lo bueno, bonito, barato y alegre, hay que compartirlo.

Con el permiso concedido, paso a relatarlo. Procuraré ser lo más fiel al mismo, aunque no soy su protagonista.
La historia trata de los trámites necesarios para la expedición del pasaporte. Creo que era la primera vez que lo hacía, debido a todas las novatadas que tuvo que pasar.

Por mucho que una piense, planifique, prepare con tiempo todo lo necesario: pedir cita, informarse de la oficina, hacerse unas bonitas fotografías, llevar el dinero, ser puntual, al final hay algo que falla, y en su caso fue una cadena de aparentes razones absurdas (en el fondo lógicas) pero llenas de gran comicidad.

A la chica de la historia y para conservar su anonimato, la llamaremos a partir de ahora:
Ice Tea, sólo los amigos sabemos el porqué de este sobrenombre, jejeje…

Pues bien, Ice Tea, con motivo de un viaje al extranjero, que lleva preparando con tiempo, cayó en la cuenta, que no tenía pasaporte. Y como chica organizada donde las haya, pidió cita con tiempo, y preparó todo lo preciso.

Para quien no lo haya hecho, los únicos documentos que se necesitan: son el DNI ( no caducado, por supuesto) dos fotografías y 20 euros.

Ice, invirtió bastante tiempo en preparase para la sesión fotografía. No todos los días, nos retratan para la posteridad, al menos durante 5 años. Ese bello rostro o careto final, según la mano del fotógrafo y el rostro de la modelo, y las horas de descanso previas, harán que el resultado final, nos satisfaga o desearemos que el agente de la aduana no nos confunda con un pariente cercano de Bin Laden, o con una rubia camuflada y peligrosa, jejejeje

Ice seleccionó, preparó y cuidó que su vestido, complementos y maquillaje estuviesen perfectos para la sesión de fotos. Y en cuestión de pelos: trabajo extra, el peinado tiene que quedar perfecto, sin estar demasiado retocado, con un aire natural, pero que le favorezca. Imaginaros, el tiempo que invirtió, en todo este proceso. Todo sea, por salir bien.

Viernes por la tarde, fotos en mano y satisfecha con el resultado final. Sábado, salida nocturna con los amigos y Domingo de resacón: ojeras y palidez en el rostro. Y el lunes, cansada ya de tantos preparativos, decidió que para su viaje a Mérida, para tramitar el ansiado pasaporte, no tenía que ir tan preparada. Fue con la cara lavada y una simple coleta, a fin de cuentas, en las fotos ya estaba el resultado deseado.

Ya en la oficina, un último trámite: sacar número, de una máquina digital. Sobre esta cuestión, no me comentó nada.

Hasta aquí todo bien. Y por fin dicen su nombre, llega su turno y una amable funcionaria la atiende:

“Las fotografías, por favor”

Ella, muy orgullosa de sus fotos, se las entrega. La funcionaria, las mira, las remira y las vuelve a mirar. Cada vez que le echa un vistazo a las fotos, la mira a ella de reojo y mueve la cabeza en sentido negativo. Ice comienza a inquietarse, algo no va bien, no, no va bien…pero ¿Qué?, con lo estupenda que salgo en las dichosas fotos.
Por fin, la funcionaria dice: No, estas fotos no valen”
Ice dice: “¿EHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH? ¿Cómo que no valen?”

Antes de darle una explicación y para aumentar la tensión, se levanta de su puesto de trabajo y consulta a un compañero: le muestra las fotos, y el compañero también la mira de reojo y mueve la cabeza, con un no, muy claro.
Cuando vuelve a su sitio, le dice:
“En estas fotografías no se te ve toda la cara”
Ice: “Mi cara está ahí y entera”.
Funcionaria: “Sí, pero no se ven claramente todas tus facciones”
Ice: “¿EHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH?”
Funcionaria: “El flequillo te tapa la frente”

Lo que pensó Ice en ese momento, no lo puedo transcribir literalmente, pero se acordó del tiempo que empleó en peinarse y en colocar cada mechón de su flequillo, para que quedase perfecto: recto y uniforme, justo a la altura de sus ojos.

Ice se quedó de piedra, mejor dicho, compuesta y sin fotos. ¿Qué hacer?

La funcionaria, que estudiaba su reacción y acostumbrada a ofrecer soluciones, le dijo que podía ir a un fotomatón.

Ice pensó y maldijo para sus adentros: “¿A un fotomatón? ¿Yo? ¿En un fotomatón? Si nunca me hecho una foto, en una de esas máquinas, por algo se llaman foto- matón, porque matan tu rostro.” Es más, recordaba que las pocas veces que había estado en un chisme de esos, había sido en horas intempestivas, en la época de estudiante, echándose unas risas con los amigos.

Pero como no quedaba otra, allá que se fue. Ya en la máquina, rescató de su bolso, un peine que de casualidad llevaba. Con los nervios, el dichoso y diminuto peine, salió disparado en mitad de la calle, tuvo que cogerlo y volver a tratar de peinar su pelo, ya deformado de por sí por la coleta y las horquillas.

Y pensó, que su rostro tenía que estar visible. Su pelo fino y lacio, se resistía a dejar despejada su frente. Después de luchar un buen rato, con su indomable pelo y medio satisfecha del resultado, se concentró en seguir las instrucciones para hacer la foto: ajustar la altura del taburete, cerrar la cortina. Con esta último contratiempo no contaba, la cortina ya de por sí fina y deslucida, dejaba traspasar mucha luz del exterior. Así que supuso y con razón, que los efectos de la luz, se reflejarían en la foto.

Se relajó y se concentró nuevamente en seguir las instrucciones: repaso general: taburete bien, peinado, mejor no mirarlo más, cortina medio en su sitio, con transparencias incluidas y finalmente mirar al dichoso circulito. ¿Con sonrisa o con aspecto serio? Sobre esta última cuestión no me comentó nada, supongo que con cara de resignación y deseando salir de la experiencia fotomatón.

5 minutos de espera y………………. ¡Oh my Good! Pensó: “Si parece que vengo del Caribe, rubia platina con moreno de rayos uva. La responsable de este efecto no deseado, la dichosa cortina.”

Como pudo y con aspecto de colegiala, volvió con fotos en mano a la oficina.

La funcionaria, le dijo que esperase un momento y que tomase asiento. Otro funcionario, que pasaba por allí, le dijo a la compañera. “¿Es tu hija? Ice pensó, que favorecida no estaría, pero aspecto de niña, sí que tenía. ¡Qué le vamos a hacer! No hay mal que por bien no venga!

Cuando se las entregó de nuevo a la funcionaria, esta vez sí le dio el visto bueno.

“¡Por fin! Ya tengo el dichoso pasaporte”, pensó Ice

Y hasta aquí puedo contar.
Gracias por este relato Ice. Ya sabes lo que me reí cuando me lo contaste en primera persona.
Ya sabes, a partir de ahora, deja algo para los imprevistos y los efectos no deseados, jajajajaja

martes, 16 de febrero de 2010

Frío Vs Calor

Otro día más en mi paraíso particular. De vuelta a mi segundo hogar, de lunes a viernes, por cuestiones laborales, estoy en un pueblecito perdido, muy perdido de la tierra que me vio nacer. Porque lo de pacer y estar, ha sido en varias ciudades españolas. Así que se supone que mi capacidad de adaptación, ha salido victoriosa, después de importantes cambios y no sólo climatológicos.
Aunque puestos a elegir entre el invierno y el verano, el frío o el calor, me quedo con éste último.
Los rigores del invierno, cada vez lo llevo peor, será cosa de la edad, y que en mi pequeña lista de comodidades, resulta imprescindible, una buena calefacción.
Este año, al elegir la vivienda, me dejé llevar por su buena apariencia y no hice caso a mi intución, que casi nunca me falla,  y además no utilicé  las gafas para observar ciertos detalles de la casa. Aunque ésta última cuestión, lo dejaré para otra ocasión, con el título:" Esta casa es una ruina".
Desde el mes de septiembre de 2009 hasta el día de hoy, la valoración que he ido haciendo de  la casa, ha ido decreciendo, hasta caer en picado, como la situación económica de nuestro país.
 Pues sí, yo también estoy en crisis, no afectiva, ni laboral, ni siquiera  existencial, es simple y llanamente corporal: mi termostato interior, ya no aguanta más. No atina, al tratar de ajustar la temperatura corporal a la del medio ambiente.
 Mi temeperatura  es de por sí, es mas baja de lo normal: 35º. Además tiene memoria y se activa cuando le viene en gana, como si quiera revivir una experiencia gélida anterior, justo cuando estás acurrucada en un brasero: los tiritones hacen acto de presencia, y manos, pies y nariz, están literalmente congelados.
Esa experiencia de estar hablando y echando humo por la boca en cualquier habitación de la casa, como si estuviese fumando, es única.
 Otras vivencias térmicas:
Poner al fuego un simple cazo con agua y convertirse la cocina en una sauna, pero sólo por la cantidad de vapor que se genera, no por la temeperatura. Para abrir los poros de la piel y hacer una buena limpieza de cutis, genial, pero..¿ Cómo cerrarlos? El presupuesto en tónico, ha superado el límite establecido.
En el dormitorio, ya de por sí gélido, sentir sin razón aparente,  cerca de mis narices, más frío, en cuestión de segundos. Estoy por llamar al programa del Cuarto Milenio y que realice un estudio en profundidad, a ver si resulta que tengo un inquilino oculto, que lleva fiambre algún tiempo, y que trata de  enviarme señales, desde el otro mundo.
* Más de la cocina: el microondas, que parece que también entra en crisis y le da el bajón energético, deciendo él solito,  que 750 watios y 3 minutos, son los precisos para calentar una taza de té. Digo lo del bajón, porque del subidón, ya se encarga la compañía eléctrica cuando pase la facturita de turno. Y mi preferido: el expediente X de la nevera: se estropea en plena ola de frío y no cumple su función, es decir enfriar y congelar. A la vuelta de las vacaciones de Navidad, tuve que tirar todos los alimentos y perseguir a mi casera durante 4 días para que me cambiase la nevera.
*En el cuarto de baño, lo que experimento aquí, no tiene nombre, jodrrrrrrrrrrrrrrrrrr: un buen rato antes de utilizarlo, el calefactor de aire, que también parece que ha entrado en crisis y no calienta lo esperado, casi diría que refrigera, más que calienta. Abro el grifo de agua caliente (es de caldera eléctrica) y otra vez jdrrrrrrrrrrrrrrrrr, me abraso, por más que recuerde que hay que abrir también el grifo de agua fría. Y cuando estoy en la ducha, ¡ que estrés! mi cerebro hace tic tac, intentando cronometrar el tiempo,  el día que toca lavarse el pelo, para calcular el uso del agua caliente y no quedarme a medias: el depósito de agua caliente es mínimo. Y cuando salgo de la ducha, tengo bien localizada la toalla, ya que tengo que coger la toalla a tientas, por la cantidad de vapor, no de calor, insisto en este pequeño detalle. Lo de mirarme en el espejo, es misión imposible.
Y aquí sigo, contando los días para que se vayan estos días de frío y de lluvia, soñando con el verano.

jueves, 7 de enero de 2010



La noche nos confunde, o mejor sea dicho, perturba al personal masculino.

Cada vez que un hombre ( de los que yo conozco, ¿eh? no me gusta generalizar…) se ofrece a hacer de guía turístico ya sea en tierras desconocidas o en su lugar de origen, me echo a temblar. Pienso en mis sufridos pies y en pedir cita a mi podólogo.

Tenemos afición a las grandes avenidas, a los paseos en diagonal o en línea recta, pero camuflados en círculos concéntricos de varios kilómetros, y esta vez con nocturnidad y alevosía. Y todo por unos apetecibles churros, que nunca llegaron a su destino: nuestros estómagos, carentes de algo sólido, porque en cuestión de líquidos íbamos bien serviditos, aunque unos más que otros, para qué nos vamos a engañar.

Lo cierto, es que no aprendemos de las experiencias previas. Eso de reflexionar y tener en cuenta ciertas variables que nos conducen a perdernos, pero sin isla de por medio, no va con nosotros. Y eso que nos acompañaban dos psicólogos, por lo de la orientación espacial más que nada. Pero el que hacía de guía lo tenía muy claro: comer churros a toda costa. Daba igual si la churrería estuviese cerca del polígono industrial o si la hora de apertura fuese distinta a nuestro paseíto nocturno. Todo sea por dar gusto a los amigos.

Como en todo estudio de campo que se precie, se combinan peligrosamente unas variables que anteceden las conductas, absurdas y surrealistas, que es lo que mejor definen nuestros paseítos nocturnos. Y otras causantes del resultado final.

Respecto a las primeras, varias horas de bailoteo sin fin, en una macro discoteca, por cierto muy buena, a excepción del pincha discos, que esa noche, tendría otros planes, y dejó programada la música, de lo más simple, hortera, machacona y otras de padre desconocido.

En su selección cuidó especialmente que no olvidásemos cada una de ellas, ya que el nº de repeticiones, las distribuía de forma aleatoria, de forma que al final dudásemos si ya la habían puesto hace 5, 10 o 15 minutos.

Otra variable antecedente, los zapatos femeninos, por supuesto de tacón, no excesivamente escandalosos, pero tras cinco horas de pie y sin dejar de bailar o de sujetar la pared, como fue mi caso, tenían vida propia, suplicando un tiempo muerto.

A todo esto, hay que añadirle el estado de “shock” en que entraron una vez más, parte del personal masculino que nos acompañaba, ¡cómo no en la barra, y estudiando nuevamente el estilismo lencero de la camarera!

Por experiencias anteriores, he comprobado que llegado a este punto: copas, barra, camarera y escote, le restan agilidad mental y toma de decisiones lógicas, al personal masculino que más tarde harían de guías nocturnos.

Cuando por fin salimos de ese garito, no sé quién decidió que todos en amor y buena compañía, fuésemos a por churros. Aunque ahora que recuerdo, fui yo misma la que provocó en parte dicha situación, comentando ingenuamente, si el anfitrión del evento de año nuevo, nos iba a agasajar al día siguiente con un buen desayuno en la cama y con churros. Todo dicho insisto, de forma inocente y sin dobles sentidos. A lo que respondió con un ofrecimiento personal de un surtido variado de tipo de churros, por supuesto grandes, para todo el personal femenino allí presente. Sin comentarios...

El caso es que comenzamos a andar, unos más rápidos que otros, yo como siempre de las últimas, intenté calcular cuánto tiempo tardaría en poner mis posaderas nuevamente a buen recaudo aunque fuese en una silla espartana. Cálculo inútil, ya que tras varios kilómetros y dos paradas momentáneas del guía, como intentando trasmitir seguridad, la churrería en cuestión no aparecía. Justo cuando en la retaguardia vamos comentando que nuestro anfitrión se ha perdido, se gira en redondo y nos dice que no se acuerda de dónde está y se disculpa. Momento inolvidable. Acto seguido, nuestro segundo guía toma el relevo, y nos conduce de forma directa y sin tantos rodeos a casa. Es curioso, pero no precisaron hablar para intercambiar los roles de guía. Creo que les bastó observar y valorar la cara de cansancio del personal femenino.

Reventada y de vuelta para casa, con el estómago vacío y con un gran interrogante en mi cara, me preguntaba: ¿Ha pasado lo que creo que ha pasado? ¿Otra vez hemos hecho la carrera de San Silvestre, pero sin estar apuntados de forma oficial?

Ya en su casita, con el pijama puesto, con la cara lavada y con los patucos puestos, nuestro anfitrión nos compensó con un buen desayuno casero.

Ahora sólo me cabe preguntar: ¿Aprenderemos la próxima vez?

Pd: Todo lo aquí relatado, es ficción. Cualquier coincidencia con la vida real, es pura casualidad…



viernes, 27 de noviembre de 2009


Hace poco he ido al oculista, especialista en ojos y miradas.


En mi caso así ha sido, ya que nada más verme, ha deducido de forma acertada, que hacía como unos tres años que no iba a una revisión, y eso que no me tenía fichada.

La visita ha sido de lo más interesante.

Se trata de una clínica, muy bien montada, tipo americana, con una gran sala a la entrada, custodiada por dos amables recepcionistas, con dominio de varios idiomas y muy simpáticos, cuestión que se agradece.

Parecía que estaba más en el hall de un gran hotel o en una agencia de viajes, esperando a que llegase mi turno.

Con lo despistada que soy, por un momento pensaba que estaba en la cola de un banco, ya que en el suelo estaba escrito la típica frase:” Espere su turno, gracias” y un camino con barras y cintas azules, a manera de guía por el trayecto de la fila.

Con esta primera visión de miope perdida, mis ánimos empezaron a flaquear, ya que pensé: ¿cuánto tiempo voy a estar aquí? Ya se sabe, que cuando se acude a una consulta médica, el tiempo sólo existe para los profesionales que te atienden, pero no cuenta el tuyo. Éste último se congela en ese momento y cuando vuelve a su estado original, ya ha transcurrido el tiempo suficiente como para prescindir de otros planes que tenía previsto realizar esa mañana.

Cuando por fin llega mi turno, al final no tuve que esperar tanto, el chico que me atiende me hace las típicas preguntas preliminares del tipo: ¿es la primera vez que viene? Tiene cita ¿con el doctor…? Y en ese momento me entrega una especie de plano- guía de la clínica, que me servirá para localizar la puerta de la consulta. En ese momento, mi reacción fue intentar ampliar mi campo visual, por encima de las cabezas allí presentes e intentar vislumbrar el fondo de la sala. Aquello pintaba mal, parecía que no tenía fin.

Así que mirando el folleto sólo atiné a decir: “ Así que también tengo que hacer un cursillo acelerado sobre cómo orientarme en la clínica” El chico me sonrió y me dijo por donde tenía que ir, en dos palabras: a tomar por.., en el último punto del edificio, (éste ocupa toda una manzana,) y me comenta que lo del folleto, es sólo para entretenerme, mientras espero. Si lo llego a saber, me hubiese llevado un libro para leer, aunque bien pensado de poco me hubiese servido, visto cómo terminaron mis pupilas. Pero  esta cuestión la comentaré más adelante.

Después de recorrer prácticamente toda la manzana, desde su interior, localicé la puerta de la consulta. Aquello estaba de lo más animado: un pasillo de un color azul eléctrico, que lejos de relajar, te provocaba estrés ocular: paredes, puertas, asientos, techo, todo era azul chillón. Y para rematar dos pantallas de televisión bien grandes dispuestas en ambos extremos del pasillo, que tenían un Dvd sobre famosos paisajes, que lejos de estar sincronizados se repetían de forma insistentemente y que no pasaban de la presentación. Cada vez estaba más relajada, no sabía dónde mirar: si el monocolor del entorno o a la pantalla de la derecha o la de la izquierda…

Después de casi una hora de espera, se abrió una puerta y dijeron mi nombre.

No era la puerta de la consulta del doctor que me iba a ver.

Primero me graduaron la vista y seguidamente, me dilataron las pupilas con un surtido  de al menos cuatro gotas diferentes. Y una que es muy coqueta, antes muerta que sencilla, no tuve en cuenta que cuando se va al oculista, no hay que pintarse el ojo. Así que cuando las gotas sobrantes comenzaron a deslizarse por mis mejillas, éstas se llevaron por delante el rímel y el lápiz de ojos. ¡Menos mal que me dejaron unas gasas para limpiarme!

Cuando terminó esta primera fase de la visita, salí como pude de esta consulta y regresé otra vez al pasillo monocolor, que ahora me parecía más estridente y borroso. Parecía que  hubiese fumado de todo, ¡vamos que si me pilla la guardia civil en ese momento, me retira el carnet de por vida! Además de acusarme de un presunto delito contra la salud pública. Aunque de presunto, poco, con la mirada de perdida que tenía en ese momento.

Otra media hora de espera y por fin entro en la sala que yo tenía localizada desde el primer momento: el doctor vuelve a graduarme la vista, explora el fondo de ojos y cuando termina me dice que me siente en la silla de su escritorio  y de forma suave, me dice que no sabe cómo me las  he apañado durante estos últimos tres años…A lo cual yo le respondo: “ sufriendo poco, ya que para lo que hay que ver, aunque algunas buenas vistas también me he perdido.”

Menos mal, que el médico tenía sentido del humor y comprendió mi mensaje.

Una vez roto el hielo me dice: lo que tienes de nuevo: es vista cansada, además de tu considerable astigmatismo miópico”. Traducido: Los ojos también tiene DNI y al tuyo le ha llegado la hora de renovarlo.

Y en eso estamos, encargando nuevas gafas y preparando el bolsillo, porque no es una broma lo que cuestan. ¡Menos mal, que hasta dentro de tres años no tengo que volver!

Y mientras tanto, espero que estas nuevas gafas me proporcionen mejores vistas que las anteriores y que mis movimientos oculares, filtren y me ahorren las menos buenas.